“Y descubrí al niño que enterraba las cigarras entre el luto de negras Letras“.
Y descubrí donde descansan los cantos .Donde la tierra llama a la tierra donde el útero es su sepulcro.
Y descubrí la hermosura perfecta en la noble obediencia de la sumisión de los rayos de sol
Y encontré la noche.
Y busque el amor en la verdad y la ilusión. Donde la palabra amor es esa necesidad que nos hace soñar cuando alguien nos llama.
El amor oscuridad y luz. Egoísmo de edad y pedir sin medida .Donde la fantasía pone el punto final a la realidad de la vida.
Y busque las letras entre la inquietud de mi razón y mi locura. De mi contaste duda sobre el amor.
Y descubrí ese niño que jugaba con la luna abriendo ventanas a la oscuridad de la noche.
Y descubrí las praderas de mis sueños y las montañas de mi orgullo.
Y el oleaje del tiempo lamió esas montañas dejando la humildad que libera el luto de mis letras negras.
Y descubrí a la vida llamando a la vida
La paz llamando a la paz
Y descubrí al árbol donde me apoyo cuyas raíces se extienden por la eternidad y sus ramas se remontan al infinito.
Donde el Dios del Tiempo es el Dios del espacio.
Y descubrí al joven que soñaba en las madrugadas en un mar sin orillas .
Y descubrí el fuego eterno y la luz inextinguible de un cielo calmo en un firmamento lluvioso de estrellas.
Descubrí el árbol donde me sigo apoyando Florido en la primavera de mi edad.
Donde se confunde con el brote desnudo del otoño.
Y voy descubriendo mientras recuerdo por el mar de mis sueños que el amor es la oscuridad de mi frío invierno y es el punto final de la vida.
J, López de De La Serna
Y descubrí donde descansan los cantos .Donde la tierra llama a la tierra donde el útero es su sepulcro.
Y descubrí la hermosura perfecta en la noble obediencia de la sumisión de los rayos de sol
Y encontré la noche.
Y busque el amor en la verdad y la ilusión. Donde la palabra amor es esa necesidad que nos hace soñar cuando alguien nos llama.
El amor oscuridad y luz. Egoísmo de edad y pedir sin medida .Donde la fantasía pone el punto final a la realidad de la vida.
Y busque las letras entre la inquietud de mi razón y mi locura. De mi contaste duda sobre el amor.
Y descubrí ese niño que jugaba con la luna abriendo ventanas a la oscuridad de la noche.
Y descubrí las praderas de mis sueños y las montañas de mi orgullo.
Y el oleaje del tiempo lamió esas montañas dejando la humildad que libera el luto de mis letras negras.
Y descubrí a la vida llamando a la vida
La paz llamando a la paz
Y descubrí al árbol donde me apoyo cuyas raíces se extienden por la eternidad y sus ramas se remontan al infinito.
Donde el Dios del Tiempo es el Dios del espacio.
Y descubrí al joven que soñaba en las madrugadas en un mar sin orillas .
Y descubrí el fuego eterno y la luz inextinguible de un cielo calmo en un firmamento lluvioso de estrellas.
Descubrí el árbol donde me sigo apoyando Florido en la primavera de mi edad.
Donde se confunde con el brote desnudo del otoño.
Y voy descubriendo mientras recuerdo por el mar de mis sueños que el amor es la oscuridad de mi frío invierno y es el punto final de la vida.
J, López de De La Serna
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